31 de marzo de 2007

¿Cómo dice?


En la infancia no sabemos hablar y nadie nos entiende.
En la niñez hablamos, pero creen que no entendemos.
En la adolescencia, nadie entiende lo que hablamos.
En la adultez, hablamos a los adolescentes que no escuchan o no entienden.
En la vejez entendemos todo, no se escucha, no nos escuchan y volvemos a la infancia.



Quienes me conocieron a los cuatro años dicen que era pálido y ensimismado, y que sólo hablaba para contar disparates […] Mi mayor fuente de inspiración eran las conversaciones que los mayores sostenían delante de mí, porque pensaban que no las entendía, o las que cifraban aposta para que no las entendiera.
Vivir para contarla, Gabriel García Márquez.

30 de marzo de 2007

Olvida mi nombre y pega la vuelta

R: -Vení, vení, mirá quién te quiere saludar.
Eu: -¿ ???
Mr. X: -Holaaaaaa condesita, cómo estásssss? (cara de alegría nº1)
Eu: -¿??? Mmmm biennnn… (alargando la ene para darme tiempo. Cara de estúpida nº 1)
Mr. X: -No te acordás, no...? (cara de decepción del 1 al 10)
R: -¡¡cómo no te vas a acordar!! (cara de incredulidad)
Eu: -mmmm, no. Me parece…pero no. No... (cara de estúpida nº2)
R.: -¡Es Fulano de Tal! ¿te acordás ahora?
Eu: -mmmm pseee… creo que sí… (cara de estúpida nº3 cubriendo la cara de odio nº1)
Mr. X: -(cara de alegría nº2) recuerdo aquella vez cuando, bla, bla, bla, bla
Eu: -Bueno un gusto verte bien, los dejo conversando ahora (cara de despedida para Mr.X y cara de novuelvasahacermestonuncamás para R.)

( sigo sin acordarme quién cuernos era. Haré un back-up, y si el tipo no aparece, es altamente probable que lo haya borrado del rígido.
Igualmente hay que desfragmentarlo).


Todo está cargado en la memoria/ Arma de la vida y de la historia
La memoria, León Greco.

29 de marzo de 2007

¿Qué hay de nuevo amigo?



Weskinconogüey Carapachay Sorilicovsky

Con ese nombre bauticé a mi conejo cuando tenía 9 años.
Las nenas jugaban con muñecas y yo, con las palabras.
(Todavía no conocía al conejo de Alicia ni a Lewis Carroll, pero el Jabberwocky -por lo visto- ya girospaba en mis muforosos pensamientos).


Calentoreaba, y las viscotivas tovas/ vuelteaban y tregujereaban el terecho./ Misébiles estaban los borogovas/ y los deros trugones bramastoilbaban./ ¡Cuídate del Jabberwock, hijo mío!
(…)
Jabberwocky, Lewis Carroll

28 de marzo de 2007

En vano

Tanto intento inútil de explicar mi desencuentro con relojes y almanaques y aparece el viejo ciego para decir con magistral economía que “el tiempo está viviéndome [1] .

[1] Jactancia de quietud, Jorge Luis Borges.

26 de marzo de 2007

Peregrina

Peregrina de mí misma, me visito.
Nada quiero encontrar.
Quiero, tan sólo, anular mi presencia para asegurar que existo.
El silencio líquido trae la respuesta.



Pasad, no penséis en mi vida,/ dejadme sumido y esbelto./ Yo uno/ en mi centro.
El ser uno. Juan Ramón Jiménez

25 de marzo de 2007

Humo en sus ojos

Después de una buena ducha, envuelta la cabeza en un toallón, enfundada en su pijama y saboreando el dulce silencio de la madrugada, ella se sienta a leer en la cocina.
Enciende un cigarrillo, apoya el mentón sobre la palma de la mano, inclina la cabeza y se zambulle en la lectura. Pierde –nuevamente- la noción del tiempo. Más páginas, más cigarrillos, más silencio en la madrugada avanzada, un poco de frío en la espalda… ¡un café!
Se levanta con pereza a prepararlo pero un humo denso que difumina los contornos, la desorienta primero, la paraliza después.
Trata de no entrar en pánico. Evalúa la situación calmadamente, recorre la cocina, revisa hornallas, cortinas, enchufes, cables, cigarrillos apagados ¡y nada! El humo se cierra cada vez con más intensidad.
Inspecciona todos los cuartos de la casa, living, lavadero y baños; comprueba que hay humo en todos lados (bueno, será de madrugada, ella no es escandalosa pero ya está realmente asustada y habrá que avisar, que embromar).
Vuelve al cuarto donde él duerme, literalmente, a pata suelta.
Lo llama, y nada.
Le grita, y nada.
El humo aumenta y nada.
Lo sacude una vez, y nada.
Lo sacude, ahora con violencia, y le pide que despierte, que la casa se está incendiando. Y él, arrancado de quién sabe qué sueño, despertándose a quién sabe qué pesadilla, avanza a los tumbos, en calzoncillos.
En medio del living, y del humo, ella explica que ha chequeado todo infructuosamente. Que no encuentra el origen del incendio.
El la mira, despertándose de golpe, abriendo los ojos a la realidad con mirada perpleja y furiosa. Ella lo mira sin entender su gesto airado, tratando de esquivar el brazo que como un látigo se le acerca y que de un tremendo manotazo le arranca el toallón encendido vociferando al mismo tiempo… ¡¡boludaaaaaaaa, se te está prendiendo fuego la cabezaaaaa!!

(Dejé de fumar hace un tiempo porque el cigarrillo hace mal a la salud. Altera el sueño, afecta los pulmones y ataca la cabeza)


“Pero un instante me distraje/ sin tomar precauciones, / un instante/ en que alguien vino de mi espalda/ y cambió todo./ Fija, vaciada, ausente,/ un agujero soy/ por donde pasa el mundo,/ veloz, sin detenerse…”

Amelia Biagioni, Me distraje un instante.

24 de marzo de 2007

“Hay un fusilado que vive…”


“Reitero que esta obra no persigue un objetivo político ni mucho menos pretende avivar odios completamente estériles. Persigue –una entre muchas- un objetivo social: el aniquilamiento a corto o largo plazo de los asesinos impunes, de los torturadores, de los “técnicos” de la picana que permanecen a pesar de los cambios de gobierno, del hampa armada y uniformada.”
[…]
“El señor juez pudo entonces explicar que el terrorismo no es algo que nace por generación espontánea. Pudo explicar que la actitud del terrorista de abajo que coloca una bomba es la respuesta al terrorismo de arriba que aplica la picana. Pudo explicar que la bomba que mata a un inocente no se diferencia gran cosa de la descarga del pelotón que mata a otro inocente"*.

Operación Masacre, Rodolfo Walsh (1957)

23 de marzo de 2007

Inutilísima


¿Puede alguien poner a hervir huevos?
Puede.
¿Puede alguien poner a hervir huevos y olvidarse?
Puede.
¿Puede alguien poner a hervir huevos y olvidarse por más de dos horas?
Puede.
¿Puede alguien poner a hervir huevos y olvidarse por más de dos horas, estando podrido uno de ellos?
Puede.
¿Puede alguien poner a hervir huevos por más de dos horas, estando podrido uno de ellos, agotar el agua y quemar la cacerola?
Puede.
¿Puede alguien poner a hervir huevos por más de dos horas, estando podrido uno de ellos, agotar el agua, quemar la cacerola y enterarse recién cuando viene alguien y le avisa?
Puede.

(Carezco de sentido del tiempo y de sentido común. Parece que ahora, también he perdido el sentido del olfato).



El olor de esta preparación es tan penetrante (impregna durante varios días las paredes) que tiempo atrás he viajado a Verengano para huir de él.

Apuntes de cocina, Leonardo da Vinci

22 de marzo de 2007

Pasen y vean

Las imágenes de Barcelona, la voz de Andy Chango detrás de los créditos, y el título de la película (de la canción, y el libro -supe después-) me dejaron clavada en no sé qué canal, un día cualquiera. Esa es mi manera de elegir películas: haciendo caso omiso de recomendaciones y críticas, dejando libremente que algún elemento me atrape.
En este caso, fue la voz argentina en tierra catalana y el título maravillosamente delirante… “Lo mejor que le puede pasar a un cruasán”
No pude resistir la invitación de conocer los felices destinos de un cruasán y ahí me quedé, hasta el final.
La película, una mezcla de comedia policial y crítica social, no daba ni para La Concha de Lata. El protagonista, un border sucio, vago, drogón, putañero, hedonista y querible busca a su hermano desaparecido. Se pierde -y nos pierde- en una trama inverosímil; a tal punto la simbiosis que termina ignorándose quién está drogado, si él o nosotros.
Un título inolvidable para una película olvidable.
(De todas maneras, sigo sin ver Titanic. Ese pretzel no me lo como)
_
“En ese momento su mayor deseo era ver entrar sigilosamente por la puerta de su cuarto a Robert Taylor, o en su defecto a Tyrone Power, con un ramo de rosas rojas en la mano y en los ojos un designio voluptuoso.”
Boquitas pintadas, Manuel Puig

FRIENDS

Esta costumbre de nombrar por la inicial me está complicando la existencia porque tengo varias Emes en mi haber. Recién caigo en cuenta de que el nombre de mis amigos más cercanos comienza con esa letra.
M. es mi amiga/hermana, madre de mi ahijada y M. es, además, mi ahijada.
M. es mi otra amiga a quien su madre le dice…¡Marquitos!
A la siguiente M. le digo gordo, aunque no lo sea, y su nick es L., es mi amigo muy querido, compañero de litros de café.
Y la última M. es la de mi amado y entrañable flaco, que me arruga con sus abrazos.
A ellos les pido por anticipado que disculpen la indiscreción pero, en algún momento, voy a tener que nombrarlos con todas las letras.
Tendrán todo el derecho de mandarme a la M.

21 de marzo de 2007

Parole, parole, parole



Las palabras, como las personas, no se muestran tal cual son. No dicen demasiado de sí al primer encuentro. A las palabras, como a las personas, hay que brindarles tiempo para descubrir sus virtudes. O sus miserias.
Amo las palabras, como a las personas. A unas más, a otras menos.
Me divierten o me entristecen, me dan ganas de borrarlas o de inventarlas; algunas, sólo con nombrarlas, me producen gozo.
Las personas y las palabras.
Las palabras crean mundos infinitos habitados por infinitas personas creadas por personas que crearon las palabras.
Las palabras y las personas dicen mucho más en los pliegues que ocultan que en el plano que muestran.
Dicen mucho de nosotros mismos, si sabemos leer.
Si sabemos decir.
Si sabemos callar.
Si dejamos hacer.
A las palabras y a las personas.





"...y mi nombre, en su boca, ha cobrado una sonoridad tan singular, tan inesperada, que me siento como ensalmado por la palabra que más conozco, al oírla tan nueva como si acabara de ser creada."

Los pasos perdidos, Alejo Carpentier

20 de marzo de 2007

Contame

____ 50 _____

¿Por qué se le llama cin-cuenta, si para llegar tuvimos que contar hasta cuarenta y nueve?

19 de marzo de 2007

El poder, el decir, el poder decir





Fue una niña prodigio.
Aprendió a leer a los tres años, a escondidas de su madre. Aprendió latín casi por su cuenta, sin más base que veinte lecciones recibidas. A los 13 años fue recibida en la corte, como dama de compañía de la virreina. Se disfrazó de varón para poder ingresar a la Universidad. Antes de cumplir los 16 entró al convento como único modo de eludir el matrimonio. A los 17, sufrió un examen público de todas las facultades ante 40 profesores de la Universidad, teólogos, escriturarios, filósofos, matemáticos, humanistas, a todos llenó de asombro. Su celda en el convento fue una especie de academia, llena de libros y de instrumentos músicos y matemáticos.
Fue una mujer hermosísima, vehemente y apasionada en sus afectos
Se la vio enfrentada o alineada con diversos poderes: el poder eclesiástico, el de la corona, el del sexo. Adoptó sus signos o mudó sus ropajes en un gran despliegue teatral. Así, fue hombre en el espacio del saber, monja en el ámbito del conocer y cortesana en el lugar del deber ser.
Su relación con el poder fue, a la vez, cercana y distante, lo ejerció, lo padeció y lo trascendió aún desde el silencio que se impusiera por un tiempo.
Ella, Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)

No se pueden negar los contextos de producción ni el peso de las instituciones en la tarea creativa, pero tal vez sea justamente por eso y a pesar de eso, que el artista debe convertirse en bastión de resistencia, en custodio del Arte que perdura más allá de ocasionales centros de poder.
Probablemente mi postura sea ingenua o anacrónica, pero esto pensaba mientras leía las mezquinas internas del festival de cine en Mar del Plata.
El Séptimo Arte.



“…y tengo por mayor el riesgo de los aplausos en la flaqueza humana, que suele apropiarse lo que no es suyo.”
Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, Sor Juana Inés de la Cruz