Siempre creí que
impecable, es la palabra que mejor define a
M.Organizada y prolija, con gran intuición y sentido estético, ella cocina, teje, cose, pinta cuadros o hace jardinería, con un acabado perfecto. Su cabello, su ropa y sus uñas lucen tan impecables como su casa, que se vive y usa al ritmo de hijos y amigos adolescentes.
¿Y qué palabra podría definirme a mí?, pensé.
Hace un par de noches, en una cena familiar, me dijeron que era una
shegua querible, alguna vez me definieron como una
boluda inteligente. En ambos casos, dos palabras que expresan contradicción.
¿Será
contradicción mi palabra, entonces?
Es que estoy leyendo un libro* donde dice, más o menos, que para aprender el secreto de una ciudad hay que conocer ‘la palabra’ que el imaginario colectivo de su gente lleva inscripta en el ADN.
Entonces juego a buscar esa palabra en distintos escenarios.
Por ejemplo, a la casa de mi infancia la pienso con la palabra
deber (deber cumplido así en la Tierra como en el Cielo), a mi casa de hoy podría caberle la palabra
puerto, me parece. Preguntaré a los que por aquí viven o pasan y luego les cuento.
En mi nuevo diccionario personal, la palabra que define la ciudad donde vivo es
mar, la de Mendoza es
siesta y la tuya,
melancolía.
Reducir a un solo término algo o alguien, es tan difícil como interesante y tan injusto como divertido, por eso para este post, la palabra es
juego.
..º..
-¿Cuál es tu palabra?
Eso sí que no lo sé. Ahora, después de pasar varias semanas pensándolo, tampoco lo sé […] No tengo la respuesta y supongo que precisamente por eso voy a dedicar un año a viajar por el mundo.
*Comer, Rezar, Amar. Elizabeth Gilbert.