Tiempo atrás salí a comprarme zapatos. Caminé veredas y desanduve vidrieras, malhumorada.
Nunca es fácil ensamblar comodidad, necesidad, variedad, calidad y buen gusto, con disponibilidad (monetaria).
Iba malhumorada, decía, y entré en Fray Mocho para despuntar el vicio. La parada en una librería es una escala obligada, una especie de Atalaya en medio de mi ruta urbana, que permite tocar y oler las medialunas aunque no las coma. Pero mi alma de gorda no resistió, Borges me guiñó su ojo ciego y sucumbí.
Regresé tan feliz a casa con su Obra poética que me lo dediqué y todo; como corresponde cuando se regala un libro.
¿Los zapatos? Otra vez será.
Total no tengo los pies sobre la tierra.
Todo el mundo sabe.
Nunca es fácil ensamblar comodidad, necesidad, variedad, calidad y buen gusto, con disponibilidad (monetaria).
Iba malhumorada, decía, y entré en Fray Mocho para despuntar el vicio. La parada en una librería es una escala obligada, una especie de Atalaya en medio de mi ruta urbana, que permite tocar y oler las medialunas aunque no las coma. Pero mi alma de gorda no resistió, Borges me guiñó su ojo ciego y sucumbí.
Regresé tan feliz a casa con su Obra poética que me lo dediqué y todo; como corresponde cuando se regala un libro.
¿Los zapatos? Otra vez será.
Total no tengo los pies sobre la tierra.
Todo el mundo sabe.
(y mientras encuentro a "La descalza jadeante" de Amelia Biagioni cuelgo lo que sigue)
Le dirás, quien pregunta es la descalza jadeante que escribe sin fatiga / su palabra de asombro y ahuyenta el humo de las voces tibias.
Adiós (Poema en memoria de Amelia Biagioni ) de Yoli Fidanza.
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