
No pudo ser el sábado, ni al caer la tarde, así es que el domingo a media mañana nos encontramos y el té se hizo café, y cortado y otra vez y otra vuelta y otra.
Pasamos de largo el almuerzo sin saber y seguimos la charla en el auto hasta llegar a su casa.
Nos vemos una o dos veces por año o una vez cada dos años, pero retomamos el diálogo como si lo hubiésemos interrumpido el día anterior.
Mi infancia transcurrió lejos de mis primos y, salvo alguna fiesta familiar que nos reunía como los 80 del abuelo, no tuve demasiado contacto con ellos, por eso resulta tan sorprendente verse en espejo, reconocerse en la misma línea de pensamiento, en el sentido del humor, en la inmediatez de la réplica, en los ojos grandes y en las mismas manías que nos hacen enderezar cuadros y cerrar, una por una, todas las puertas de los placards para poder conciliar el sueño.
El ADN trasciende las muestras de laboratorio y excede la discusión ética sobre la manera de obtenerlo, pero no hay manera de borrar la impronta secular porque, en definitiva, romper el espejo no hace más que multiplicar una imagen quebrada.
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Que entre los dos crepúsculos del día/ tu rostro fue dejando en los espejos/ Y los que irá dejando todavía./ Y todo es una parte del diverso/cristal de esa memoria, el universo;
Everness. Jorge Luis Borges











