Foto: Demian Aiello
Mientras
esto escribo, el televisor de la cocina repite hasta el hartazgo el grito de
una mujer despidiendo a su marido. El sonido casi animal, estalla un te amo en la intimidad del
duelo que se propaga por millones de pantallas.
'La
noticia', 'la primicia', 'el morbo de la gente', 'lo que la gente quiere ver', parecen
justificar la insistente exposición del dolor ajeno y la mediatización de las pequeñas
miserias intrafamiliares.
Una
mujer, otra, muere en la soledad de su casa.
Nadie
la llora, ni la extraña, ni la reclama. Diez años después, con el único interés
de la propiedad, vulneran la cerradura del domicilio y allí la encuentran,
reducida a huesos, confundida entre el polvo y la basura.
'La noticia', 'la primicia', 'el morbo de la gente', 'lo que la gente quiere ver', parecen
justificar la presencia de los medios en la vereda que transmiten en directo
testimonios de algunos vecinos. Pero, ¿qué pueden decir de una puerta cerrada
que tapió hasta los olores de la muerte?
Otra
vez soy testigo involuntario.
El
hijo de la vecina ‘del B’, tomó la foto que ilustra este post y que me remitió
inmediatamente a las pinturas de Edward Hopper, artista estadounidense que supo
representar con eficacia la deshumanización del mundo, la incomunicación y la
soledad del hombre contemporáneo con un tratamiento casi cinematográfico.
Lugares
públicos, luces y sombras, líneas rectas, efectos dramáticos, así en Hopper
como en la tele.
..º..
Tengo una soledad / tan concurrida/ que puedo organizarla/ como
una procesión
Rostro de vos. Mario Benedetti












