22 de febrero de 2014

Believe Or Not Believe



A diferencia de los días previos, que  disfruta con el armado  del árbol y la lista de regalos que algún elfo le hará llegar a Papá Noel, Emilia sufre horrores la noche de Navidad.
Atenta al sonido de una posible campanilla o el ruidoso Jo, Jo, Jo, sienta su angustia congelada  a la mesa familiar sin  probar bocado. Expectante, con el temblor de un cachorro friolento, teme y espera.
Con el fin de proporcionarle alivio, el año pasado, su mamá le contó al oído la verdad que derriba la primera inocencia: Papá Noel no existe.
Aferrada a sus temores no le creyó y este año volvió a repetir sus miedos. Tal vez porque necesitamos una ilusión para vivir, aunque la espera nos paralice.
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−¿Es aquí el Paraíso?
−No señorita, aquí no. Vaya y pregunte en la otra esquina.
El Paraíso en la otra esquina. Mario Vargas Llosa

15 de noviembre de 2013

A Media Luz Los Dos



El cartel de neón pestañea sobre la puerta angosta e ilumina con intermitencia la vereda.

La pareja mayor entra con la confianza de quien conoce el terreno. Recorre el local con la mirada, saluda a todos, busca una mesa cerca de la pista y se sienta a la espera del vaso de vino que habitualmente consume. Pantalones de sarga él, medias negras con costura, ella. Bajo la penumbra del mantel blanco, los pies de ambos comienzan a dibujar firuletes.

Detrás, la segunda pareja, joven, vacila pero ingresa finalmente con paso audaz. La media luz del ambiente disimula el modo desenfadado y simpático del joven y el estilo exuberante de la chica quienes, con mirada curiosa, caminan hasta una mesa vacía y se sientan con emocionada expectación.


“Esta noche, amiga mía, /el alcohol nos ha embriagado... / ¡Qué me importa que se rían /y nos llamen los mareados!”


Como todos los jueves, la milonga está concurrida. El ritmo del 2x4 impregna el aire, acaricia las pieles, susurra palabras e invita a bailar. Los sonidos del bandoneón manosean las caderas femeninas apurando la urgencia del varón. La pista se va llenando de piernas entrelazadas en interminables ochos.
El ojo en el ojo, la piel con la piel. La mujer seduce y el hombre conduce.

Comienza a sonar la orquesta de Pugliese.
El piano del maestro, los violines y el bandoneón desgranan el “Recuerdo” que enciende en los ojos de la pareja mayor un acuerdo mudo que los lanza al centro en un abrazo sensual y antiguo. Giran como estrellas de un único universo y hacen nuevo lo clásico en cada corte y quebrada. Sudorosos, como en trance, siguen abrazados cuando el tango finaliza.


“No debí pensar jamás/ en lograr tu corazón/ y sin embargo te busqué/ hasta que un día te encontré/ y con mis besos te aturdí/ sin importarme que eras buena...”


El joven toma a la chica de la cintura y la conduce con juvenil destreza girando por toda la pista. Los movimientos de la pareja son armónicos y teatrales. Ampulosos. Brillan los plateados femeninos en brazos del nuevo dandy, el cajetilla urbano. La melodía inunda el ambiente y la pareja mayor se une a la danza de los jóvenes.
Y son uno.

Lo clásico y lo moderno. La juventud y la experiencia. Lo íntimo y lo popular. El brillo y la opacidad. Lo rígido y lo mórbido. El percal y la sarga y la seda. Todo se mixtura en apretada ceremonia de amor.

La ceremonia ancestral del tango.

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El tango es un pensamiento triste que se baila. 
Enrique Santos Discépolo.



Imagen: flickr



29 de octubre de 2013

¿En dónde estás Altazor?



Cuando rendía un final en la facultad, tomaba ‘el espacio’ como eje temático. Eso me permitía recorrer todo el programa y achicar el margen pantanoso de las repreguntas: movimientos literarios, géneros, autores, obras y cánones, encontraban su espacio ordenándose ajustadamente como una matrioska hecha de palabras.
Las profesoras que me advertían de la difícil tarea de desarrollar tanto en tan breve tiempo,  reconocían después con generosa calificación, el armado prolijo de ese puzzle.
Y es que la cuestión del tiempo me resulta ajena contrariamente a lo que me ocurre con el espacio, porque creo que es ahí donde me constituyo y confirmo mi identidad.
 Mi cuerpo, que de pronto se encuentra despertando en cama ajena, se ve obligado a provocar un pequeño parto que ubique al inconsciente en ese continente extraño y, como espacio de representación, se presta distraído a que el tiempo escriba y borre según le parezca, marcas, arrugas, canas o cicatrices.

¿Una hora, un mes, un año?
¿Una temporada?
¿Un instante?
Qué sé yo del tiempo.
Me configuro en el espacio, que es donde el amor deja su huella y donde duelen las ausencias.

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Yo, cada vez que me sucede algo nuevo, aprendo que tengo un cuerpo.
Diario de un cuerpo. Daniel Pennac

9 de octubre de 2013

Divina Comedia




Luego, viendo Dios que todo era perfecto, en el octavo día se tomó una jarra loca y creó la Argentina.

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4 de octubre de 2013

Cae La Lluvia Minuciosa


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La lluvia tiene un vago secreto de ternura.
Pablo Neruda

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11 de julio de 2013

Truco


Aprenderé a jugar al truco sólo para decirte quiero

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18 de noviembre de 2012

El Continuo de Gernsback en mi iPhone



Tal vez, en un presente vertiginoso, donde todo dura nada, Instagram le inventa un pasado al instante fugaz.

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…apretar un botón, y el cielo de hoy parece el cielo de la infancia.
Polaroids por telegrama. Pedro Mairal

17 de octubre de 2012

Los Hijos de Nadie


−Te desconozco, me dijo un amigo cuando le dije que no tenía ganas de pelear.
Y es que la discusión me resulta estimulante, pero la pelea sostenida me agota.
Quienes discuten buscan dilucidar alguna verdad, en cambio, quienes pelean solo quieren imponer la suya sin importar cómo, ignorando el hecho de que, en algunas cuestiones, vencedores o vencidos son un colectivo que los incluye, cualquiera sea el resultado de la pelea.
En medio de esto, trato de que no me roben la esperanza y el humor, último bastión que defiendo como gato en la leñera. Leo poesía, escucho música, miro el mar, visito mis buenos recuerdos, me embadurno de besos infantiles, me centro en mis amados y me distraigo de mí atiborrándome de ficciones, a la hora en que los fantasmas suelen aparecer; la receta parece funcionar.
El asesinato de una jovencita (The Killing) me tuvo sobre ascuas varios días. Una serie excelente, con actuaciones extraordinarias y varias lecturas que por momentos, me hicieron olvidar del asesino. La oscuridad y la lluvia omnipresente, son callados protagonistas que le aportan densidad a la historia y ponen un velo sobre aquellas otras pequeñas tragedias que sobrevuelan como satélites.
Y son pequeñas porque refiere a los niños, a la joven asesinada, a la infancia herida y al desamparo de sus hermanos, al hijo de la detective Linden y a ella misma de niña. Al sobrino de su compañero, al chico de los dibujos, al hijo del mafioso polaco y a la asesora del político, abusada en su niñez.
En algún momento, todos ellos son hijos de nadie, lo que supone algo mucho,  mucho peor que la orfandad.
Y así ando últimamente: desmadrada y dispersa, tratando de construir una historia hecha de pedazos.
Como un niño abandonado o ‘como un hada que olvidó su origen’.
[gracias M.]

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Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir […] pero, ¿quién vive?
Blade Runner



27 de septiembre de 2012

Shadowlands



La realidad Argentina parece hoy pintada con trazos gruesos, a brocha gorda, en blancos y negros; no hay espacio para los matices, los medios tonos, la discrepancia o el acuerdo.
Y eso me pesa, me oscurece.
Se ha instalado una suerte de nube colectiva que recoge en su buche otras pequeñas tormentas personales, oliendo a ozono y advirtiéndome. Busco las habituales salidas de emergencia pero no las encuentro; me falta concentración para leer y motivación para escribir, tengo que ‘salir del agujero interior’, distraerme, aflojar, y casualmente encuentro líneas de fuga en una oscura serie televisiva que, sin embargo, despliega toda una paleta de colores.
Mr. White y Mr. Pinkman protagonizan una historia donde los colores, aun desde el nombre propio, estallan en diferentes espacios a riesgo de que el negro termine devorándolos a todos. Entre el bien y el mal surgen colores primarios y secundarios, tonos y semitonos, para decirnos que nadie es tan bueno o tan malo, ni los niños, salvo la bebita que transcurre por diversos escenarios como una mancha rosada que declama en silencio la inocencia antigua.
La ternura y la crueldad anidan en los espíritus como semillas que brotarán según la oportunidad que las abone.
Breaking Bad pinta universos conocidos y submundos sospechados, fundidos en una suerte de acuarela que se construye en capas, diluye los colores, funde los límites y deja el resultado final librado al azaroso curso que dibuja el agua.
El Señor Blanco y el Hombre Rosa sortean por el momento, el ojo de la Justicia y el ajusticiamiento a mano de los delincuentes, pero el final parece inminente y recién allí, en los finales, es donde irremediablemente mueren los colores.

Los plazos deben cumplirse y aunque ahora una sombra oscurece los colores republicanos, debo esforzarme por recuperar los matices, dejar de leer la realidad en clave de blancos y negros y adueñarme del pincel.
..º..

El mundo es más azul y más terrestre/ de noche, cuando duermo/ enorme, adentro de tus breves manos.
Final. Pablo Neruda

20 de septiembre de 2012

La lluvia ya no me conoce


Un desierto amarillo me abrasa, vomito polvo sobre los vagidos de la noche y las letras que desaparecen envueltas en una estela de vapor, se tatúan con sal sobre los labios que no pueden decir.

Imposible determinar si algo late en este vacío que descabeza brotes de tan yermo, escucho el silencio desangrando los oídos mientras minúsculos puñales de diamante se clavan en la punta de los dedos.

[Y la tentación de morir de sed]

…º…

Yo perdí la lluvia y el viento / y qué he ganado, me pregunto?[…] es mi alma que no está contenta / y busca bajo mis zapatos / cosas gastadas o perdidas.
Pablo Neruda


30 de agosto de 2012

Zona de Clivaje




Sospecho que mis ojos son la grieta por donde se escapan los fantasmas que salen a gritar. Tengo la vista empañada y los ojos ‘me’ lloran.
Tan cierto.

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La vida nos acorta la vista/ y nos alarga la mirada.
Roberto Juarroz



28 de agosto de 2012

Spread Your Wings



'Nombrar nuestra herida sin arrastrarla a un proceso de alquimia en virtud del cual consigue alas, es vulgar.'

Alejandra Pizarnik

 /

(Por eso mi silencio. Estoy guardando las letras hasta conseguirles alas)

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Imagen: Cally Whitham

20 de agosto de 2012

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas

 



Cuando dejamos de esperar, algo se rompe.
La espera es un salto de fe que nos detiene en el aire, no es un ‘ir hacia’ sino un ‘quedarse en’. Durante los primeros tiempos flotamos sin esfuerzo, el aire caliente es  amigo que abraza, eleva y acuna blandamente mientras lo esperado remolonea en algún lugar; poco a poco, el aire que se enfría nos obliga a mantener el vuelo de manera desprolija, tenaces como un piloto en la tormenta, frágiles como un pájaro herido.

Hasta que, de un hachazo, algo se corta y todo se precipita.

El porrazo es fuerte pero la revelación se abre luminosa  como una plegaria y penetra la conciencia de que el estallido rompe y arma algo al mismo tiempo, algo como un cinismo áspero u otra puerta abierta a nuevas incertidumbres.

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Si me dieran a elegir, yo elegiría […] esta esperanza que come panes desesperados.
Juan Gelman



12 de agosto de 2012

Alejandra en la Niebla



Sé que siempre encontraré en Pizarnik la palabra justa o el verso exacto que encajará, con la húmeda precisión del sexo, en el espacio abierto de la representación esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje.
Otras veces me dice sin que yo la busque; como esta mañana, cuando sus palabras treparon a los techos apenas visibles por la neblina y las damas de rojo se extraviaron dentro de sus máscaras, aunque regresarán para sollozar entre flores. 
Además, ella sabe bien cuando la niebla se me instala en ese espacio de desafección en donde no se sabe qué hacer con tanto no querer.

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