Ya está el equipo moviéndose en la cancha y empiezo a vibrar el mundial.
Acaba de empezar para mí.
Desde aquella selección de Basile del 91/94 que no me entusiasmaba, pero al gordo lo banco.
Ave Fénix.
Amado u odiado, contradictorio e inimputable es indiscutible en el campo que ama y conoce.
Punto ahí.
Ni la droga, ni
Con la camiseta albiceleste y asociados al club de los odios, son muchos los que esperan la celebración de su fracaso.
Yo quiero que le vaya bien, quiero disfrutar del juego y divertirme aunque sufra por el resultado.
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Si los hombres han proclamado hasta el cansancio su derecho a ver los partidos sin ser molestados, quiero reivindicar el mismo derecho como mujer a la que le gusta el fútbol:
No me pidas ni un vaso de agua mientras está la pelota en juego y mucho, pero mucho menos, se te ocurra invitar a algún amigo que traiga a su mujer y los chicos ‘para que no se aburra’.
A mis amigas les pido que no me incluyan en sus planes durante este mes pues, como dice Mirtha,
no me llamen porque no voy a estar.
¡Aguante Argentina!
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