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Hacer palabras cruzadas con birome y comprar sillones blancos teniendo niños pequeños ¿no es acaso la máxima expresión de optimismo?
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Cuatro veces llamó.
Cuatro veces contesté ‘no estoy’.
Cuatro veces dijo ‘que suerte que no vine’.
Por no estarnos, cuatro veces
nos hallamos.
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(click acá por otra Semilla negra)
Te digo que estoy solo y que me faltas./ Nos faltamos, amor, y nos morimos
He aquí que tu estás sola y que estoy solo… Jaime Sabines
Me avisaron que los vapores de lavandina y del líquido antialgo con los que estaba limpiando el baño, llegaban hasta el living.
No me di por enterada y diez minutos más tarde salí medio intoxicada, con dolor de cabeza, los ojos llorosos, la garganta ardida y ganas de vomitar.
Definitivamente, el delay olfativo que padezco atenta contra mi salud pero garantiza limpieza a fondo.
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“Si en un día de calor un perro persigue a un conejo durante la suficiente cantidad de tiempo, el conejo muere por asfixia, revienta de cansancio. A fines de 1979 o principios de 1980 leí en la revista Investigación y Ciencia una nota donde se explicaba por qué. La superioridad del perro reside en “una red intercambiadora de calor”, formada por pequeños vasos sanguíneos que se ramifican desde las arterias carótidas. Esa especie de radiador refresca el cerebro de aquellos mamíferos que lo poseen, y les permite una resistencia adicional. El tamaño de la red varía locamente de un animal a otro: los gatos tienen una red muy desarrollada; los lobos, las hienas y las focas cuentan, en cambio , con una red muy pequeña. El artículo precisaba el nombre científico de esa especie de aparato refrigerador: “rete carótida”.
Elvio Gandolfo en Clarín, jueves 6 de agosto de 1992.***
A veces me siento perro otras, conejo. En ocasiones puedo ser gato, lobo, hiena o foca, incluso una ameba descerebrada.
Por suerte Rete Carótida, independientemente del tamaño, me refrigera el cerebro e impide que muera por asfixia o reviente de cansancio.