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“Un puñado de personajes literarios han marcado mi vida de manera más durable que buena parte de los seres de carne y hueso que he conocido".
La orgía perpetua, Mario Vargas Llosa (sobre Flaubert y Madame Bovary).
.Esta cita que subió Estrella la vez pasada, me hizo pensar y discrepar –vaya osadía- con Vargas Llosa.
Cuando era chica, después de leer la vida de una pequeña santa francesa, cuyo nombre no recuerdo, iniciaba un camino de sacrificios y buenas intenciones que duraba lo que duraba la paz armada con mi hermano.
Si leía los Tigres de Mompracem, de inmediato surgía una vocación pirata y surcaba los 7 mares en una mesa dada vuelta que oficiaba de bergantín, hasta que llegaba mi vieja para hundir el sueño.
Pero si me enfrascaba en las Little Women, algo del espíritu sencillo y familiar me contagiaba y asumía el rol de Jo, la hermana escritora, papel que mantenía hasta que Laurie se casaba con la más pequeña de las March, y a otra cosa. No era cuestión.
Fui náufrago, emperatriz de Austria, india sioux, princesa árabe, amante abandonada, huérfana sufriente, vendedora de fósforos y otros tantos personajes que poblaron y acompañaron mi infancia pero que no influyeron ni cambiaron mi vida.
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De eso se encargó la literatura.
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