
…me preguntaron si el post anterior era para vos y por qué te privaba de un homenaje, como si temiera ‘abaratar’ el espacio.
Nada de eso.
La verdad es que no pensaba escribir sobre tu muerte como tampoco escribí sobre la muerte que visitó nuestra casa en febrero.
Vos, que guardabas tu intimidad detrás del paredón de Banfield, vas a entender por qué no me sumo a los homenajes que empezaron ayer a las 20:40 y que ya me tienen harta.
Es que estás en todos lados, repetido hasta el cansancio.
Todavía no te fuiste y ya sos millones… de imágenes de archivo: joven labios de churrasco, adulto simpático y socarrón. Grasa en tu bata de seda roja, trasnochado langa de admiradoras desdentadas y mal teñidas, hombre de amores gordos y maduros.
Nunca compré un disco tuyo y tu muerte no me culpa, ni te hace rubio de ojos azules.
Los reportajes delataban tu inteligencia, tu sentido del humor, tu discreción y tu dignidad por eso me gustabas mucho más como persona que como cantante; ajena a tus romances y a tus discos, ahora que sirven para sacudir el sopor de un ardiente mes de feria, me fastidian.
Todavía sin guerra de vedettes, le salvaste el verano a más de uno, negro ¿no te da risa? los pobres pasantes que sudaban a gota gorda buscando la nota en los balnearios porteños, ahora se derriten en la puerta del Congreso junto a tus nenas y a las flores que van llegando; pero al menos les llevan agua.
Sabrás que hay abundancia de homenajes y no habrás de extrañar el mío, por eso preferí escribirte en privado, tan privado como el amor y la muerte.
Coger y morir no tienen adjetivos, decía Pizarnik, por tanto me callo y te despido.
Que descanses.
C.
PD: cantate la última, dale.
..º..