18 de abril de 2007

Mon père


[...]
Patio que ya no existe. La mojada/ tarde me trae la voz, la voz deseada,/ de mi padre que vuelve y que no ha muerto.

La lluvia. Jorge Luis Borges.



17 de abril de 2007

Carla 2 - Olivia 2


Pintura de Salvador Dalí, Muchacha en la ventana (1925)

The thing I am


…y sí.
Soy guarra y delicada. Vulgar y distinguida. Mezquina y generosa. Masculina y femenina. Niña y adulta. Odiosa y simpática. Solitaria y sociable. Cruda y diplomática. Estúpida y sabia. Ignorante e informada. Fuerte y vulnerable. Selectiva y amiguera. Realista y soñadora. Obstinada y maleable. Moral y desprejuiciada. Distraída y concentrada. Cínica e inocente. Sarcástica y complaciente. Irascible y mansa. Insoportable y tranquila. Hiperbólica y sencilla. Práctica e idealista. Impiadosa y compasiva. Excluyente e inclusiva. Trágica y cómica. Cuerda y alienada. Alegre y melancólica.
Soy cursi y elegante.
Soy egocéntrica asumida,
y por eso este post.
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“En ellos, toda yo soy otra, fuera de ciertos pequeños detalles: el humor, los tormentos, las pruebas supliciantes...
"Carta a su amiga Ivonne Bordelois, Alejandra Pizarnik.
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[...] Soy la carne y la cara que no veo [...] Soy a veces la dicha inmerecida [...] Soy el que sabe que no es más que un eco [...] Soy acaso el que eres en el sueño [...] Soy la cosa que soy. Lo dijo Shakesperare/ Soy lo que sobrevive a los cobardes/ y a los fatuos que ha sido.
The thing I am. Jorge Luis Borges.




14 de abril de 2007

La vuelta al juego en 80 julios




Respondiéndole a un blogger, dije una vez que yo era “un modelo para armar” y ahora, buscando una cita de Cortázar (que no encuentro, coño!), he estado dando vueltas sobre ese concepto. Sobre la idea que tienen algunas personas de que madurar es sinónimo de completar. De llegar a un punto y quedarse ahí en su propio techo.
La plena conciencia de ser un individuo inacabado e incompleto, me otorga movilidad y dinamismo. Me permite buscar respuestas a preguntas insondables, descubrir mundos maravillosos y jugar, como los niños.
La niña que tengo rompe lo establecido, esparce los fragmentos, salta entre ellos, se oculta, reaparece, arma y desarma en espera de una mirada cómplice que la descubra y se sume a la fiesta.
Esta niña juega ahora el juego de los blogs. Aprende y se sorprende con esta nueva forma de representación, donde la noción de lo lúdico puede estar imbricada con la noción de literatura. Y así, la escritura construye un yo al que trata de inventarle la palabra cuando estalla en muchos otros con otros.
Esta niña, como Alicia, atraviesa el espejo y juega con conejos, con perros, con diosas de la mitología, con roedores, con condesas, con autos que hablan, con guerreros, con cronopios y piantados.
Esta niña que conservo y cuido amorosamente, se divierte desarticulando la burocracia del espíritu, quebrando su línea recta. Pone en marcha los relojes de papel y tinta y abre la puerta para ir a jugar.
Están invitados.


“… de ahí a lo lúdico no hay más que un paso. Porque quien tiene sentido del humor tiene siempre la tendencia a ver en diferentes elementos de la realidad que lo rodea una serie de constelaciones que se articulan y que son en apariencia absurdas.”
Cortázar/escritos/charlas. p.6

12 de abril de 2007

El tamaño importa



En los hombres me importa el tamaño de:

-las manos
-los pies
-la boca
-el perro
-la generosidad
-el sentido del humor
-la sensibilidad
-la inteligencia
-la ternura
-el entusiasmo
-el apasionamiento

Todo lo anterior lo prefiero en medidas generosas.
Mentiría si dijera que el tamaño no me importa
.

Joya, nunca taxi


Habíamos quedado en que yo pasaría a buscar a su mamá. Mc. estaría en el teatro preparando la función anual, organizando el vestuario, la música y el último ensayo; tendría que salir con anticipación de su casa y no tenía sentido llevar a “Rous” tan temprano quien, por otro lado no pierde ocasión de organizar la vida ajena. Bah… la vida de su hija que pelea por quedar lo más ajena posible. De cualquier manera no era momento para nervios extras y a mí no me costaba nada llevarla en el auto.
Así quedamos y, un rato antes de salir, Mc. Me llamó para preguntarme si también podría pasar a buscar a la mamá de V. Le dije que sí, obviamente. Además, si las dos viejas conversaban entre ellas yo quedaría liberada de participar en ciertas conversaciones y preguntas indiscretas. Llamé a la señora que me esperó puntualmente, perfumada y con la carterita colgada del brazo.
Cumplí mi función de transporte maternal seria y responsablemente. Con prudencia en el andar y prudencia en el putear, llegamos al teatro. Acompañé a Rous y a la mamá de V., las dejé sentaditas y a salvo en su butaca (faltó que les comprara golosinas) y después hice la mía.
La misión encomendada había terminado exitosamente. Luego ellas, todas, Mc., V., la mamá de V. y Rous volverían juntas por su cuenta y en su auto.
Pasados unos días, nos juntamos a evaluar la presentación y de repente, entre mate y mate, recordando de pronto, Mc. me preguntó: ¿boluda, qué te pasó? ¿por qué no fuiste a buscar a la mamá de V.? Mi sorpresa fue mayúscula y le dije que sí, que había ido y que la había llevado.
Entre carcajadas e insultos que podrán imaginar me dijo: Nooooo, te pedí que buscaras a la mamá de Verónica y vos llevaste a la mamá de Valeria!!!

(No sé qué habrá hecho la pobre mujer ni tampoco sé cómo se llama, pero el nombre de su hija significa “flor ornamental” y me suena que a ella la dejé de adorno.
O de florero).




[…] Y esta espera es otro modo de presencia/ La espera de mi retorno […]
Ando en viaje dando un poco de mi vida/ A ciertos árboles y a ciertas piedras/ Que me han esperado muchos años/Se cansaron de esperarme y se sentaron
La poesía es un atentado celeste. Vicente Huidobro

11 de abril de 2007

Singin' in the rain



Llueve.
El cielo está gris y no promete rubores.
Llueve.
Afuera.
Adentro.
El alma se agita.
Me llueve.
(apareció una gotera lpm)


I'm singing in the rain/ Just singing in the rain/ What a glorious feeling/ I'm happy again/ I'm laughing at clouds/ So dark up above/ The sun's in my heart/ And I'm ready for love
Singin’ in the rain (canción)Gene Kelly

10 de abril de 2007

Leer esto trae mala suerte

-No como (ni cocino) ñoquis el 29.
-No armo el árbol de Navidad el 8 de diciembre.
-Me encanta el número 13.
-Rompí un espejito ayer.
-Derramé sal, millones de veces.
-Corto cuanta cadena o novena me llega.
-No compré huevos de Pascua.
-Abro el paraguas dentro de casa.
-Olvidé como se corta el mal de ojo.
-Paso debajo de las escaleras a propósito.

Lo bueno de vulnerar convenciones y supersticiones es que si alguna desgracia me acontece, no podré atribuirle el mérito a nadie más que a mí misma.
Mientras tanto, gozo de una completa libertad.

_____
El talismán de tu piel me ha dicho/ Que soy la reina de tus caprichos/Yo soy el as de los corazones/ Que se pasea en tus tentaciones/ El talismán de tu piel me cuenta/Que en tu montura caerán las riendas
Talismán, Rosana

9 de abril de 2007

M con todas las letras

Mariano había venido a Mardel por pocos días y como habitualmente tiene más ocupaciones que tiempo, llamó por teléfono para encontrarnos un rato a la tarde. Yo tenía que cursar ese día y él no tendría otro libre así que acordamos vernos en un café. Uno de esos lugares lindos y escondidos que sabe descubrir. Stradivarius, en la diagonal Pueyrredón, a las cinco y media ¿Te parece? Me parece, ahí nos vemos.
Salí de la facultad apurada, con frío y con hambre. Era temprano, calculé, pero caminé rápido por la diagonal para abrigarme del viento cruzado y entré al lugar establecido. Pedí café y me puse a leer unos apuntes para amortiguar el frío y la espera. Entré en ese limbo acolchado que suelo frecuentar hasta que de pronto algo –no sé qué- me rescató y me sentó bruscamente en la realidad de la tarde fría. Levanté la vista, la paseé por el local, por la mesita de fórmica, por los sobrecitos de azúcar sin abrir y me sentí extraña y ajena -o tal vez pensé que ese lugar era extraño y ajeno a Mariano. Llamé a la camarera para preguntarle si podía decirme la hora y si estábamos en Stradivarius. Me contestó lo que para ella era una obviedad: que eran las cinco y cuarto y que no, que Stradivarius estaba en la otra esquina.
Pagué de inmediato, salí, caminé media cuadra más y entré donde debía.
Sí, sí, ahora sí. La temperatura cálida, el lugar tranquilo con mesas de madera, sillas thonet, aroma de budines, música suave y ruidos amortiguados se emparentaban con la típica circunspección de Mariano.
Pedí otro café y casi al instante, con puntualidad de campanario, apareció la figura querida, alta y desgarbada acercándose a la mesa y que, mientras me abrazaba y me daba uno de esos besos pinchosos de barba, me decía sorprendido -¡Negra! ¡no pensé que ibas a encontrar el lugar…!
Fingí sorpresa, lo mortifiqué diciendo que me juzgaba mal y que tan distraída no andaba por la vida, hasta que finalmente le conté mi raid cafetero y provoqué esa carcajada sonora y escandalosa que me gusta tanto.
Se ríe cuando digo que su cara parece salida de un cuadro del Greco, se desconcierta y se divierte con mis juegos de palabras, se preocupa cuando le digo que “ando volando bajito”, se interesa cuando le cuento algo que leí o escribí, me estimula a hacerlo y guarda todo lo que le mando, se entusiasma al explicarme alguna exposición que ha visto, se sorprende cuando le digo que siempre saca fotos de ventanas pero me da la razón, nos reímos cuando dice que fulano es un “imbaaacil”, me enseña sobre música clásica y me pidió uno de esos poemas humorísticos que suelo hacer, para su último cumpleaños. Hablarle o leerlo es siempre una alegría. Encontrarlo, una celebración.
No voy a entrar en consideraciones acerca de la amistad. Creo que la amistad es un acto de fe (y doy fe de que la amistad entre hombre y mujer es posible).

“Por primera vez en estas páginas nombro a César Paz, mi amigo querido, aquel que me confiaba sus esperanzas y oía las mías, aquel hombre leal, fuerte y generoso, bravo como el acero, elegante y distinguido, aquel que…”
Juvenilia, Miguel Cané

5 de abril de 2007

¿A quién le importa?




Me contaba ayer una de mis tías, que cuando yo era chiquita y me castigaban por alguna travesura, decía con contenido enojo y fingida indiferencia ¡no me importeresa! conjurando y abjurando, en un vocablo inventado, la importancia e interés del asunto.
He perdido la infantil libertad de imponer mi propio lenguaje; Conservo, todavía, el poder de síntesis y el estúpido orgullo de tragarme las lágrimas para no enterar a quien me hiere.
*
Sí, las cosas han cambiado mucho para mí. ¿Recuerdas qué fantasiosa era de pequeña? [...] La gente que usa el lenguaje fantástico siempre muere mientras duerme.
El país de las últimas cosas, Paul Auster

4 de abril de 2007

Yo te amo, yo tampoco


Amo:
-los jazmines y las margaritas
-los colores del otoño
-las puestas de sol
-la poesía
-los Beatles
-el olor a tostadas
-el café caliente y amargo
-la tormenta sobre el mar

Detesto:
-la gente gritona
-las flores de plástico
-los ke eskriben con k
-las cadenas de mails
-los hombres teñidos
-las multitudes
-todo lo que tenga que ver con GH

(He tenido mayor dificultad en hacer la lista de las cosas que detesto. Debo estar más tolerante.
O más autista.)


Amo/ el campus/ universitario,/ sin cabras,/ con muchachas/ que pax/ pacem/ en latín,/ que meriendan pas pasa pan/ con chocolate/ en griego,/ que saben lenguas vivas/ y se dejan besar/ en el crepúsculo(también en las rodillas)/ y usan/ la cocacola como anticonceptivo.
[...]
Empleo de la nostalgia, Ángel González



3 de abril de 2007

Catecismo

La monja enseñaba los 10 Mandamientos.
Le pregunté - ¿qué quiere decir fornicar?
Sin responder, me mandó a dibujar en el pizarrón de la galería con tizas de colores.
Esa pregunta sin respuesta, me habilitó.

Y todo a media luz


Puff… Se cortó la luz.
La noche se instala adentro y la casa queda quieta por fracción de segundos. De inmediato la tarea de encontrar fósforos, velas y linternas provoca una moderada actividad. Hablamos en voz alta para ubicarnos pero no podemos evitar el choque con Violeta que es más negra que la noche y, para peor, no habla.
Afuera, la oscuridad se extiende hasta el mar y sólo algunas lucecitas lejanas indican que en algún lugar del centro “se ha reestablecido el suministro”.
Parece que el corte es general y va para largo.
Adentro ya hemos distribuído estratégicamente las velas y, por supuesto, la radio no tiene pilas, lo que abona el campo de las suposiciones. Nos prometemos, como sucede cada vez que sucede, comprar un pack y guardarlas “por si acaso”.
Como una especie de Ingalls post-modernos cenamos algo rápido, conversamos y comentamos algunas noticias del día que se suavizan y pierden dramatismo a la luz vacilante de las velas. No hay un hogar encendido con café humeante así que Caroline prepara el instantáneo, lo mete en el microondas pero… ay! no hay. No hay luz, digo. Bueno, lo dejo para después. Está bueno esto de las velas. Potencia la quietud, el silencio, los matices. La luz es eje de lo que importa. Con-centra. Un cuadro de Rembrandt. Miro por la ventana y veo que las lucecitas avanzan lentamente, calculo que tardarán bastante en llegar hasta acá. Mejor. Buena oportunidad para acostarse temprano y no andar vagabundeando hasta las 3 ó 4 de la mañana.
La lectura a la luz de la vela me cansa los ojos, bordar como Caroline no sé y Charles no toca el violín. Meto, yo, violín en bolsa y me voy a la cama. Ordeno un poco para no tropezar en la oscuridad y… ¡click, vuelve la luz! Con ella regresan los ruidos y la actividad. La electricidad, la energía, el nervio, la prisa, los colores plenos.
Olvido el propósito de acostarme temprano, me apuro a calentar el café en el microondas y enciendo la Clota para revisar el correo y escribir esto.
La imagen de la pequeña casa en la pradera se apaga con la última vela.
Descuelgo el Rembrandt y lo reemplazo por Klimt.
[...]
Esas sombras en la cornisa; la habitación tiene pulmones, algo que late. Sí, la electricidad es eleática, nos ha petrificado las sombras. Ahora forman parte de los muebles y las caras.
Rayuela (Cap.11), Julio Cortázar

2 de abril de 2007

1982-2007



Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.
Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.

Juan López y John Ward, Jorge Luis Borges