31 de mayo de 2008

[ Paréntesis ]

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Hoy, sin darme cuenta, escribí sobre la confianza en dos mails diferentes.

Soy confiada
y, aunque podría tomarse como sinónimo de ilusa,
me siento mejor de no esperar lo peor.
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Para que las palabras no basten es preciso alguna muerte en el corazón.
Alejandra Pizarnik

27 de mayo de 2008

Tomo Y Ombligo

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No es que pase el día mirándome el ombligo.
No.
Pero el mío me gustaba.

Juntos le dijimos adiós a la tripa seca en la primera semana.
Inseparables nos miramos con dolor en las interminables series de abdominales, nos movimos al compás de distintos ritmos y le sacamos la lengua al mundo cuando el embarazo inflaba los últimos meses.
Mi ombligo pequeño, de nudo prolijo y levemente deprimido, me gustaba aunque no lo pensara.
Hoy lo pienso porque no lo reconozco.
¡me han dejado otro ombligo dentro del ombligo!
Dicen los mayores que la vida va dejando cicatrices, que la experiencia nos cambia, el tiempo nos transforma y que los dolores y los amores dejan su impronta.
Sí, todo lo que quieras pero yo, hasta hoy, creí que eran simples metáforas
y si bien la geografía de mi panza alguna vez se vio modificada, la marca horizontal disimulada en el monte impúdico no alteró demasiado la topografía.
Esta semana iré a reclamar al cirujano la devolución de mi marca de fábrica porque mi egocentrismo ha sufrido un severo ataque.

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Menos tu vientre/ todo es confuso./ Menos tu vientre/ todo es futuro/ fugaz, pasado/ baldío, turbio.
Menos tu vientre. Miguel Hernández



23 de mayo de 2008

Presente Imperfecto

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"Jamás consulté una pitonisa, tarotista o algo por el estilo.Sería como ponerle un corset a mi libertad o un cartel de one way al futuro".

Después de dejar este comentario -tan terminante- en un post del Caballero de la luna quedé preguntándome si aquellos que interrogan sobre lo que vendrá, son personas incapaces de soportar su presente o viven con temor la incertidumbre del futuro.
Quienes apostamos por una pretendida libertad de elección y desconfiamos de las profecías ¿somos grandes inocentes o pequeños pedantes que creemos tener el control de nuestras vidas? ¿somos estúpidos soñadores en espera de que suceda la magia o unos tristes fatalistas, absolutamente conscientes de que lo que deba suceder sucederá en el preciso momento y en el sitio exacto que ya está marcado en el gran mapa cósmico?
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Arqueóloga en mí hundiéndome,/ excavo mi porción de ayer/ busco en mi fosa descubriendo/ lo que ya fue o no fue/ soy predadora de mis restos.
Mientras me desentierro y me descifro/ Y recuento mi antigüedad,/ pasa arriba mi presente y lo pierdo.

“Cavante, andante” en Región de fugas de Amelia Biagioni.

21 de mayo de 2008

Cul De Sac

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Dije que desconocía a Morcheeba y resulta que no es así.
Me pasa muchas veces, casi siempre.
Irrumpo tan adentro de las cosas que pierdo los nombres.
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Cuántas cosas/
[…]
Durarán más allá de nuestro olvido;/ no sabrán nunca que nos hemos ido.
Jorge Luis Borges

17 de mayo de 2008

Mentime Que Me Gusta



José pregunta si me gustan los piropos ¡claro que sí!
Vuelve a preguntar ¿qué tipo de piropos?
Y…los que no son groseros, supongo. Pero, aun así, eso depende de quién lo diga y en qué circunstancias.
Si te ves obligada a pasar entre un grupo de obreros que acompañan la frase con mirada y gesto, resulta ofensivo e inquietante. Si, en cambio, alguna salida original, ocurrente y oportuna te toca igualmente el ocote, hasta podés recibirlo con agrado.
No creo que nadie reniegue del piropo porque el piropo es un mimo, una expresión de admiración o de afecto. Si enumerara aquí lo que me gusta oir, quedaría como un acto de presunción o de falsa modestia en algunos casos porque, de verdad, algunos me parecen excesivos. Igualmente los acepto y los atesoro como un bálsamo al que puedo recurrir, para restañar las heridas que a veces sufre la autoestima.
Existe un amplio abanico de piropos que se aplican según el momento y la situación.
Pueden piropearnos el brillo del pelo, el tamaño de los ojos, la tersura de las manos o la perfecta redondez de la cola.
Pueden piropearnos la inteligencia, la inmediatez en la respuesta, el talento para dibujar, escribir, cantar o cocinar.
Pueden piropear la calidez de nuestra casa, la belleza de nuestros hijos, la capacidad de escuchar sin juzgar o la de jugar sin dañar.
Pueden piropearnos en nuestra simpatía y buen humor, en la educada firmeza para trazar límites o en el manejo sutil del rechazo que no humilla.

José también pregunta si las mujeres decimos piropos.
Por mi parte contesto que sí; soy piropeadora y no amarreteo elogios.
Me resulta fácil decirle a un hombre que me encanta ese nuevo corte de pelo, que le queda re-lindo estar bronceado, que tal pilcha le calza como un guante, que me emociona lo que escribe, que cocina como los dioses, que amo verlo acunando a su niño, que lo admiro por su tenacidad, que lo respeto por su paciencia, que tiene lindas piernas, lindas orejas o lindos ojos, etc.
(Che ¡qué lindo estás! –ésa es frecuente).

No sé si habré contestado las preguntas de José pero a modo de conclusión, les recuerdo a los hombres que pasen por aquí que a nosotras nos gustan:
♦ Los piropos pícaros, simpáticos y respetuosos.
♦ Los circunstanciales.
♦ Los que llevan un cierto grado de elaboración.
♦ Los que implican cierto laburo físico e intelectual.
Grábense a fuego en la frente que:
♦ Deben evitar los piropos unimembres tipo “¡yegua! ¡bombón!”
♦ Tienen que eliminar los sonidos lascivos que se pegotean en la oreja cuando estiran las consonantes (diossssa, bebbbbbbé),
♦ Deben halagar sin avergonzar, si el piropo está referido a nuestra anatomía.
y que
♦ Debe sorprender sin repugnar (no y mil veces no a la escatología en el piropeo).

Ahora me quedo con uno de los primeros piropos que recuerdo. Me lo decía mi abuelo:
Los ojos que Dios te ha dado,/ iluminan con tal potencia,/ que si vas por la Intendencia,/ te aplicarán sin clemencia,/ el impuesto al alumbrado.
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[Ya recogí el guante de José, ahora les toca a uds.]

***Parece una atorranta cuando canta /Parece que se deja y no se deja /Te da la sensación cuando camina /que en vez de una mujer, llegan dos minas /Parece medio loca y que provoca /porque el/tango en su boca es un gemido /Parece que ya nada le sorprende /parece saber todo de la vida /parece, pero no es lo que parece /es una gata herida.
La Gata Varela. Cacho Castaña.

14 de mayo de 2008

Pretty Woman

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Hace poco escribí lo que me gusta de los hombres. Hoy voy a contar lo que me disgusta de las mujeres.
No me gustan las feministas a ultranza ni las que se dicen independientes y abominan de los hombres; las autosuficientes que quieren hacernos creer que un consolador puede sustituir todo lo que viene pegado al pito pero jamás confesarían que en la eternidad de un día domingo, venderían su alma a cambio de una siesta acompañadas por la cálida pelusa de un macho.
No me gustan las mujeres que encaran la maternidad como quien llena una planilla y completa la cuadrícula, porque así debe ser. Tampoco me gustan quienes la asumen como un mandato divino, como un sacrificio insoslayable, como una renuncia al propio yo, como una contribución a la patria, como una continuación del apellido o la prolongación de la especie.
Detesto aquellas congéneres que sólo hablan de partos y enfermedades de sus niños.
Las que se reúnen para criticar, las que viven pendientes de su cuerpo, las caretas que cuentan a viva voz cómo se masturban, las putonas que calientan pendejos y maridos ajenos, las matronas que pormenorizan el último polvo con su marido o las santurronas que hacen apología de la castidad.
Odio que en las reuniones, las mujeres terminen levantando la mesa y los hombres cagándose de risa. Abomino de las minas que miran fútbol únicamente en los mundiales y que sólo pueden hablar de lo fuerte que está Batistuta (ah, cómo…no juega más?), de la paternidad de Cubero porque lo vieron en Intrusos y afirman que la violencia en el fútbol cesaría milagrosamente, clausurando los estadios.
No me gustan las mujeres macho ni las mujeres mariconas. Aquellas arremeten con el fratacho y éstas con las lágrimas.
No me gustan las que demoran horas en arreglarse para salir y las que salen “a la que me importa”, desprolijas y desaliñadas. Me disgustan esas que tienen las uñas largas como garras o las que tienen el esmalte saltado y descascarado, las que se comen las pielcitas, las que no lucen limpias.

La lista es larga
pero más allá de todo esto, me molestan las mujeres que hacen del género una bandera o un bastión. Una Masada a defender hasta la última gota de sangre (menstrual).

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A veces […] imagino que llega a mi vida un hombre que cuando río me dice: “¿Por qué lloras?” y seca con sus labios las lágrimas que no derramo; cuando me llevo al mundo por delante me dice: “¿Por qué tiemblas?”; cuando viajo me dice: “¿Por qué huyes?”, y ante mis noches mundanas, mis días activos, mis frases insolentes exclama desolado: “¡Nunca supuse que una mujer pudiera ser tan débil!”

“La Abnegación” en
Historias Inmorales. Silvina Bullrich.

10 de mayo de 2008

La Fiesta De Babette

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Creo que la última vez que comí algo rico fue una Mousse de Chocolate en la cena de Navidad.
Después de eso, los conocidos patapúfetes redujeron mi dieta a límites insospechados: zapallo al vapor, vegetales con salsa de soja, pescado con pimienta y aceto, pollo sin piel, yogurt sin crema, asado sin achuras, ensaladas sin aceites, etc.
Con el tiempo uno se acostumbra, pero pierde algo más que las grasas.
Lo peor de lo peor es sentir el deseo anestesiado.
Claro, ¡así cualquiera alcanza la santidad!
Por la vía del dolor y el ayuno, el deseo desaparece y las pasiones se cristalizan como bichos bolitas en un rincón de la casa.
Miro un cheesecake o una pastafrola recién horneada con la misma indiferencia que una baldosa y mi costado epicúreo se satisface plenamente con unas MiniTost.
Que la gula me condene al tercer círculo del Dante por causa de unas mezquinas láminas de pan, transparentes y crocantes, es muy triste.
Esto así no va, en cualquier momento me clavo una torta de chocolate y decido
si ángel o demonio.
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(en tanto pido un deseo, espero con Waits)
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Acerca de los vegetales.
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Espárragos: Los bastones de espàrragos, hervidos y condimentados con aceite, pimienta y sal, harán brilar sus ojos, curarán la hinchazón de estómago y otros padecimientos internos, así como el dolor de espalda y muslos y producirán un suave efecto laxante. Pero no debe abusar de ellos, ya que pueden producir úlcera de vesícula. Y tenga siempre un poco de jugo de espárragos para ofrecer a sus invitados si alguno de ellos se quejara de haber sido envenenado.
Apuntes de cocina. Leonardo da Vinci.

7 de mayo de 2008

Nihil (Novum Sub Sole)

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- ¿Qué digo cuando digo “no somos nada”?
- Sabiduría popular.

-¿Y “El ser y la nada”?
- Filosofía.

- ¿ Y “nada, nada queda en tu casa natal?
-Un tango.

- ¿“El libro de la nada”?
- Osho.

- Y cuando digo “no es nada tu cuerpo..."
- ¿Hacés poesía?

- No. Justicia.

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No es nada de tu cuerpo / ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre, / ni ese lugar secreto que los dos conocemos, / fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es nada de tu cuerpo. Jaime Sabines.

5 de mayo de 2008

De Nuevo

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Si la muerte iguala y ennoblece, la enfermedad nos empareja en una indeseada promiscuidad.


Manos extrañas y miradas ajenas poseen sin permiso el cuerpo hendido y las venas abiertas.
Después, el sopor y la nada.

Y de vuelta, devuelta a la conciencia del nervio,
la coz del dolor y el pudor de la entrega indulgente.

Restituído el cuerpo al cuerpo, que se recoge como papel picado de un carnaval sin mascaritas, reinvento la utópica pretensión de ser mi dueña.
Y de vuelta a mi puerta y devuelta a mi puerto, ya es hoy y soy.
De nuevo.

*

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.
Caminos del espejo. Alejandra Pizarnik