Pierde aquél que saca la última pieza y provoca el derrumbe.
Y el vencedor, que también debilitó la estructura, queda con escombros como premio a su victoria.
Así el amor.
(Siempre hay revancha)
..º..
Idea Vilariño
Pierde aquél que saca la última pieza y provoca el derrumbe.
Y el vencedor, que también debilitó la estructura, queda con escombros como premio a su victoria.
Así el amor.
(Siempre hay revancha)
..º..

Tenía terror de morir a mitad de semana si había faltado a misa el domingo, entonces apuraba la confesión que olía a madera y saliva y como me parecía flaca la lista, rebuscaba en mi conciencia algunas otras faltas que justificaran la penitencia.
No recuerdo la ceremonia de mi primera comunión, recuerdo sí la sesión de fotos y los retos de mi madre por negarme a adoptar ciertas poses y gestos que me parecían ridículos.
Hoy veo que tenía razón. Yo.
El vestido blanco, los zapatos blancos, los guantes blancos y un catecismo aprendido de memoria.
(¿Dónde está Dios? Diosestáenelcieloenlatierrayentodolugar.
¿Dios lo ve todo? Dioslovetodoaúnnuestrospensamientos.)
Pero yo le temía más a mi madre que sí parecía leer mis pensamientos y estar en todo lugar.
Era severa e inflexible.
Entendí, ya grande, que su amor se traducía en gestos cotidianos, en el orgullo exhibicionista de nuestra apariencia impecable y en la pesada tarea de mantener el equilibrio que mi viejo desbarataba con pases de ilusionista.
Después, crecer y desaprender el catecismo.
Eludir la mirada de mi madre y la de Dios, que no me preocupaba en absoluto.
Cumplir con la misa dominical y volver poco antes de que den las diez.
Y adulta
que los guantes blancos se suicidan con la primera falta
y que resulta más fácil tocar la conciencia con las manos desnudas.
..º..
Voy a la iglesia el Domingo de Ramos y los ojos se me llenan de lágrimas. Creo que mis lágrimas son obscenas. Lloro con las carreras de caballos y los chistes verdes con tanta facilidad como en Semana Santa.
Diarios. John Cheever

Con la sola excepción de aquella vez que choqué, por lo general cuando peleo no levanto la voz ni insulto.
Por el contrario, trato de calmarme y elegir las palabras, cuestión de no tener que arrepentirme después. Pero me gusta discutir en el sentido literal de lo que significa.
Me encanta defender mi postura planteando una especie de duelo dialéctico, una esgrima verbal que sepa dónde hacer touché sin manchar el trajecito blanco de las buenas costumbres.
Una dama o un caballero no necesitan derramar sangre para cantar victoria o reconocer la derrota.
Que para eso nos ha sido dada la palabra.
..º..
Ninguna cosa sea donde falta la palabra.
Existo en tanto escribo
-como semillas-
un puñado de letras sobre tu página blanca.
..º..
Escribo/ pienso/ leo […] escribo/ escribo/ leo.
Dónde estás/ dónde estás.
Idea Vilariño